Esta mañana, casualmene, he ido a coger el cuaderno con las
dedicatorias de Praga, y me he dado cuenta que no le dediqué ni una palabra a
ese viaje tan fantástico.
Yo tenía miedo a volar, no por lo habitual, sino por algo
menos probable: por si nos estrellábamos en mitad del mar y los tiburones me
comían. Pero estoy aquí… ¡y lo que me gustan las turbulencias! Además, me
entretuve bastante con el periódico, al quitar palabras de titulares,
modificarlas y hacer unos nuevos con otro sentido.
Ya se veía Praga, la gran mancha verde, y ya visitamos
nuestro hostal. Cuatro plantas con un ascensor lento, en el que teníamos que
viajar de dos en dos, porque sino nos multaban. ¡Pero hicimos culo en esas
escaleras infernales!
El viaje comenzó mal, bueno ahora al recordarlo me hace
gracia y me alegro de tener tantos momentos graciosos para recordar. Mis
preciosas deportivas estaban en el momento y la escena del crimen: una chica
hizo estallar un extintor.
Esa misma noche, con chanclas, ya que mis deportivas se estaban
secando, nos dimos nuestra primera vuelta. Bien, comenzó a llover. Por temor a
perderme seguí a unos de mi clase que corrían, pero me detuve para ayudar a una
chica que no podía correr más. ¿Consecuencia? : Nos juntamos las peores
“orientadoras” y nos perdimos, lloviendo a mares, con chanclas, de noche, por
una ciudad desconocida. Oye, pero… ¡practicamos inglés!
Los demás días se resumen en excursiones:
-El odiado puente de San Carlos, que lo pasamos mil veces,
contando la primera que lo recorrimos y volvimos solo porque un señor me dijo
que si hacía eso y tocaba la estatua volvería a Praga. El guía otro día nos
dijo que ese mito no tenía fundamento, ¡bien!
-El reloj de la Plaza, que a las en punto el gallo cantaba,
el esqueleto tocaba la campana y los apóstoles salían, a mí parecer bailando
con un movimiento sexy.
- Con nuestro guía Yan, que no hacía más que repetir
“complejo”, visitamos el Palacio del presidente, de hecho, vimos al presidente.
Allí visitamos edificios enormes y precisos, conocimos la historia de San Vito,
vimos unas magníficas vistas de Praga.
-Pudimos ir a la Ópera State donde fuimos espectadores de la
Cenicienta en ballet, qué paquete tenía el prota… y la lámpara muy bonita, oye.
También fuimos a ver el Teatro Negro de allí que bueno… no
me gustó la verdad.
-Visitamos Karlovy Bary, la ciudad balneario, que tenía
manantiales de agua caliente con hierro. Fuimos tontos, y la probamos… qué mal
sabía. Dimos un paseo lluvioso por esa bellísima ciudad y compramos tortas
típicas de allí, una rosa que la habían mojado en el agua y se había oxidado y
una jarrita para beber el agua ardiendo a 72 grados.
-También hicimos un Gymkana, aunque nos lo tomamos por
nuestra cuenta y terminamos yendo en metro (siii, yo quería viajar en metro) a
las escaleras más largas de Europa, las cuales subimos y bajamos dos veces por
la emoción. Y vimos el muro de John Lenon.
Me lo pasé genial y creo que elegimos bien el sitio, porque
Praga es súper bonita, eso sí… llévate unos cuantos bocatas, porque la comida…
creo que nunca he puesto tantas caras de asco seguidas en mi vida.