Tengo mil y un recuerdos en papel, plástico y cartón, otros en un material que ni sé. Recuerdos que me traen a la mente imágenes, algunas con sonidos y otras más difuminadas que otras. Pero al llegar a aquél recuerdo que guardé solo por el mero hecho de su olor, me he dado cuenta que no olía…ya no olía, ahora solo es un cacho de papel informando de la comida del Foster’s Hollywood, ahora es un paquete de kleenex, ahora es un simple número, ahora es un simple mapa de metro, ahora es un simple muñeco de huevo kínder, ahora es un billete de metro, ahora son unas gafas, una entrada a ningún sitio, ahora es un trozo de tela, una carta con palabras … antes también era eso, pero lo guardé en mi cesto, en uno de los tres cestos que tengo llenos y que no tengo valor de ponerlos en otro lado que no sea mi habitación, siendo capaz de tirar papeles y cambiar de habitación cosas más útiles que unos simples recuerdos que ocupan espacio.
Recuerdos por todas partes, que creo que nunca tendré el valor de tirar.