Por el mar
voy sintiendo mi poder sin tener miedo a los tiburones por mi gran estructura.
Sintiendo las olas debajo de mí que me hacen sentir tan relajada. Sin rumbo,
pero sin parar nunca; sin tener miedo en los ojos, pero con el pequeño
pensamiento de si encontraré tierra firme. Con mi pilotito en verde para que
otro como yo se acerque a estribor, aunque el color rojo me deslumbre porque
viene por el sentido tan ardiente y cálido como su color.
¿Cuántos
kilómetros llevo? Recuerdo mi primer viaje en el cual apunté todo, cada metro
recorrido, y eso que fue corto el camino, y ahora… a la deriva con chaleco
salvavidas y sin un matiz de los innumerables días.
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