10 de enero de 2011

Diminutas y poderosas




¿Quién no ha disfrutado de pequeño viendo corretear a las hormigas?, ¿tú las cogías y las metías en un bote?, ¿cómo?¿que tú les arrancabas la cabeza?, ¿has oído el cuento de la cigarra y la hormiga?...
Hormigas, cientos de ellas. Rojas, negras, gordas, diminutas... y siempre en pelotón.

¡Quién fuera hormiga! Estas son capaces de trabajar en equipo sin quedarse nada de provecho, sino sirviendo a una mayor con gran fidelidad. Conocen el subsuelo y saben de ingeniería de caminos, porque...¡menudos laberintos!.
Pero lo más fascinante es que asustan a los elefantes. Sí, sí, como lo oyes. Un ser vivo tan grande y fornido tiene respeto a una diminuta hormiga.


Nos centramos tanto en ser grandes y que se nos vea, siendo el centro de todas las miradas, que no nos damos cuenta de que, siendo una hormiga, podemos tener más poder que alguien cuya pestaña es más grande que nosotros.



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