No entendía la situación, necesitaba una explicación. Muchas veces me había quedado con las ganas de ir directamente, y esta vez lo hice. Me armé de valor, y los dedos fluyeron soltando lo más profundo de mis pensamientos.
La respuesta fue una llamada, cortante y seca... y una promesa, la de hablar eso en persona.
Después de incontables meses sin saber nada... ahí estaba, delante de mí, sonriente, haciéndome mil preguntas... y yo con solo una frase en la cabeza...
No sé si hice bien en ser tan cortante, en responder así... pero espero que esto le sirva para algo y no lo deje correr, de nuevo.
Los seres humanos necesitamos explicaciones, respuestas. A veces tenemos miedo de decirlo directamente, pero sino... no hay forma de quedarnos a gusto. Otra cosa es lo que te depare.
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