Lo típico no me
gusta. Lo normal me aburre. Lo lineal me desespera. Lo directo me hace bostezar.
Por eso mismo mis pies
recorren el camino de otra forma, por otro sendero. Un sendero con más ramas
que impiden el camino, con menos agua y que si llegas al final, aunque con
arañazos y sed, ves un gran paisaje desde lo alto, nunca detallado.
Ayer no fue así. No
me gusta el otro sendero, la arena me intoxica.
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