El viento que recorre la ciudad por cada uno de los
recovecos, a cualquier velocidad, dando una bocanada de aire a tu cara, o
desmelenándote. Que pasa a veces con un ligero silbido constantemente y, otras,
de vez en cuando entre el calor abochornante.
El viento que juega con los papeles transportándolos a otro
lado, sin pedir permiso a nadie.
A veces incesante, otras, nunca visto; unas gélido, otras
cálido.
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