13 de mayo de 2012

No me gustan los gatos



El otro día subiendo la cuesta de casa, solitaria y oscura, un gato salió de una esquina y se me cruzó. Hacía mucho que no me daban un susto así, que no sentía mi corazón de un solo golpe. 

Sentí esa mirada tentadora, felina, dura; estuve pensando cómo hacerlo, y cuando me decidí me acerqué e intenté tocarlo, poco a poco le acaricié su cuerpo y éste hizo una especie de curva cuando pasaba por su lomo, tenía el pelo suave. Cuando le acariciaba la cabeza ronroneaba y cerraba los ojos. Cuando se cansó de esa situación, miró a la calle y se fue con pasos elegantes escondiéndose debajo de un coche, sin pararse y girarse para darme las gracias por aquella amabilidad y paciencia.



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