Una podría acostumbrarse a muchas cosas,
pero todas ellas cumplen la función de ser placenteras.
Acostumbrarte a cola-cao con espuma en ese
bar de Galicia enfrente del mar con a brisa fresquita; a toda una semana
tumbándote al sol por la mañana y yendo de fiesta por las noches con tus amigas…
o a dormirte mientras una mano recorre tu cuerpo en forma de caricia y que
cuando te despiertes siga siendo así. Sé que esto último no pega mucho conmigo,
pero todos tenemos piel, y no escurridiza y pegajosa como la de las serpientes,
no, es suave y sensible, por algo será…
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