17 de enero de 2011
Entre signos de interrogación
Lunes por la mañana. Salgo del portal, la niebla nubla mi vista y el frío mis ganas de ir a clase.
Con pocas ganas he empezado a andar lento, caminando detrás de una niña, que tendría 5 años máximo, y su padre. La niña le ha hecho como 5 preguntas a su padre. Hacía una pregunta, se callaba y al rato formulaba otra con otro tema totalmente diferente. El padre no ha contestado absolutamente a nada.
La niña con preguntas enigmáticas para ella y el padre sin soltar ni una palabra.
Me ha recordado a la mítica época en la cual se pregunta el porqué de todo y el porqué de ese todo. Y el padre a que después uno se lo calla casi todo.
No sé qué es peor: callártelo y que te explote o soltarlo y no obtener respuesta, o no la adecuada.
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1 comentario:
En realidad soltarlo y no obtener respuesta ya es una respuesta...
:)
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