13 de febrero de 2011

Pestañas caducas

Ayer se me debieron de caer unas 4 pestañas. La primera la cogí y pedí algo imposible. En las dos siguientes pedí lo mismo. Y en la última, la pestaña no voló, se quedó en mi dedo.
Es una estupidez lo que hice, pero era más interesante que estudiar Literatura.
Y así, mezclando la literatura y esta anécdota, encontré este poema:

Pestañas azules
Atravieso el camino
de los otoños prestados
y las caricias furtivas,
sólo un músico mojado en brandy
me despide.
Atrás queda el húmedo aliento
de las causas perdidas,
el viejo caimán con sus ojos de agua
y tacto de piedra.
Atrás,
las tardes con sabor a plástico
y la risa en conserva.
Lo que queda del día lo guardaré
en un cristal de pestañas azules,
cuando duerman las olas
me buscaré en el espejo dulce
y sagrado de la adolescencia
y atracaré en un puerto custodiado
por derviches.
Conozco los surcos
que dejan los milagros y las mentiras,
el leve paso de una estrella
de vuelta al paraíso,
la voluntad perdida
por el narcotizante roce de tu mano.
El tiempo flota libre
…………..
y transparente a esta hora del día.

                                                   Marta Navarro García




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