5 de abril de 2011

Apariencias estrelladas


Paseaba sin saber donde pisaba, ya que no había ninguna farola, yo estaba caminando por la carretera alejándome de aquel pueblo sumido en el silencio. Tenía la sensación de que algo iba a ocurrir, al no ver nada parecía que ese paisaje escondía las más terribles criaturas, cosa estúpida, ya que esa misma mañana había paseado por ese mismo sitio y todo estaba en orden, pero al no ver, al no saber ciertamente lo que hay con tus propios ojos, ese miedo se apodera de ti.
Por fin logré sentarme, tumbarme más bien, y así ver ese gran cielo estrellado, despejado de cualquier contaminación lumínica. Ese cielo que no podemos alcanzar y que nos fascina tanto por esas pequeñas estrellas que lucen incesantemente.
De repente vi una rápida luz que iba de un extremo del cielo al otro, me hizo incorporarme y ponerme a pensar en un deseo, pero ya se había ido.
Casi le pido un deseo a una estrella fugaz, que en realidad es un trozo de roca que no tiene ninguna fuerza divina para concedermelo. Lo bonita que parece y lo que es en realidad...


Cuidar de las estrellas puede ser un buen castigo