4 de abril de 2011

Marcas de guerra


Y una gran fuerza me tumbó, fue brusca pero no molesta. No podía moverme,  me retorcía pero era un peso mayor… no es que no quisiera, de hecho era placentero, pero solo por oponerme yo decía “no, ¡para!”, pero no lo hizo.
Siempre que me han amarrado de brazos y piernas sin moverme he sentido un agobio interior enorme, sin poder con ello. Y es que necesito sentirme liberada.  No puedo estar de brazos cruzados, ni cuando hablo, gesticulo muchísimo porque sino no me expreso como quiero.
Es tan frustrante sentirse maniatada… y ya no de tus extremidades, sino de palabras. Sin saber qué decir ni cómo. Debería ampliar mi vocabulario…mucho mejor, debería saber qué tengo que decir, muchísimo mejor….debería saber qué es lo que quiero.

Ahora con esta metáfora, cada vez que me miro al espejo recuerdo que tengo que sentarme conmigo misma y hablarme, porque yo pienso una cosa y los demás opinan lo contrario…


1 comentario:

Ester Livingstone dijo...

Nadie más que tu puede saber lo que necesitas y lo que quieres, parezca lo que parezca