Sentada mientras el metro me contoneaba de un lado hacia otro y yo movía las piernas al ritmo de la canción que sonaba en mi reproductor de música, veía como una chica joven mascaba de forma rara, desagradable y exagerada su chicle de la boca.
Enfrente de mí, un hombre sentado con los ojos cerrados, más abajo, su boca en forma de sonrisa. Me ha hecho gracia el que estuviera tan feliz en otro mundo lejos de la tía que no sabía mascar chicle,y me ha pegado la sonrisa.
La mujer de al lado, al verme, le ha dado en la pierna y el hombre se ha despertado, pero mantenía la sonrisa.
A veces hay cosas que te molestan a tu izquierda, que no querrías haberlas visto y que, prefieres no saber que están ahí, pero si a tu derecha tienes una bonita sonrisa, al final, se te termina pegando la felicidad, esa escurridiza sensación de felicidad.
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