15 de julio de 2011

Telegrama I

Llovía, pero no solo la lluvia la mojaba, unas pequeñas lágrimas le reccorrían la cara. Se sentía desprotegida, estúpida, llorando por aquello que ya no tenía solución y había estado guardando durante tanto tiempo.
Cuando, de repente, notó una mano en su cintura, se sintió mejor. Una voz dulce se acercó a su oído invitándola a caminar por la playa, para ver esa preciosa Luna Llena que esperaba en el cielo.
Aceptó. No supo por qué, tampoco le apasionaba, pero supuso que sería un alivio hacerlo. Se secó las lárgimas, se descalzó y acarició con sus pies la arena fría. Y ahí, delante del mar, con la luna llena mirando amarillenta, descalza, sintiéndose preciada, se tumbó con esa falda incómoda a cuadros y esa camiseta blanca que pronto se manchó.
Ella nunca daba el primer paso, era la dura, la difícil, pero esta vez lo dejó pasar...tan solo una orden, un "bésame", fue suficiente como para que se acercara,pensando que así se olvidaría de todo.


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