28 de julio de 2011


Tranquilamente yo dormía, pero notaba que algo me miraba. Ojos penetrantes queriendo algo en concreto. No pude despertarme para verlo. 
Mi mano no se posaba en la cama, sino que volaba en el aire, pero tocó algo.
Era mi perra, sentada a mi lado, mirándome y poniendo mi mano encima de su cabeza para que la acariciara.
¡Cuánto las he echado de menos!. 


Algún día sabré más sobre vosotras, lo prometo.

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