15 de julio de 2011

Telegrama II


Cuando la luz se reflejó en el agua se marcharon. Ella no tenía llaves, ni dinero, ni movil... pero orgullosa se despidió,se volvió y fue caminando tranquilamente con sus zapatos rotos hacia su casa. Después de 15 minutos andados con mil pensamientos por la cabeza y habiendole dejado atrás hacía mucho, pasó por un banco y escuchó su nombre. Era él, descalzo y a la espera. ¿Cómo había llegado antes que ella?,¿no se había ido?.  
Y, después de un largo psicoanálisis, llegaron a su destino, pero la puerta estaba cerrada así que volvieron a recorrerse la preciosa playa hasta llegar a un gran mirador a la espera. Ella ya podía volver a casa, sus amigas la esperarían con la puerta abierta.
Esta vez quería volverse sola, pensar en todo lo que había pasado y esas preguntas tan poco frecuentes que le había lanzado. Así que, echó a correr,descalza por la playa. Y allí, las olas le daban en los pies y las preguntas le flotaban por su cabeza: ¿antes de venir aquí, querías cambiar algo de Madrid? ¿lo has cambiado? ¿cambiarías tú? ¿por qué eres tan cerrada? ¿tienes miedo a que si sé algo más de ti puedas ser más débil? ¿te cambiarías por otra persona?.



Manda narices que alguien que no te conozca de nada dé en el clavo en tantas cosas, psicólogo tenía que ser.

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