26 de marzo de 2011

Loculutus lucúlutus

Ya comenzamos la ruta con el estallido de la llanta, por lo que cambiamos la bici.
Volví a notar el viento, ahora menos contaminado, en mi cara. Y esta vez sí subí la cuesta en 5ª... aun no en 7ª, pero algo es algo.
Después de 10 kilómetros recorridos me sentía como nueva. 
Pero las complicaciones vinieron cuando nos dimos cuenta de que una de las ruedas estaba pinchada.Estábamos a 10 km de casa y sin una rueda... por lo que decidimos llamar a todas las casas, a ver si un alma caritativa nos dejaba una bomba.
Hemos llamado a unas 10 casas..., y lo siento pero no me creo que en un pueblo como Villaviciosa, en el cual lo único divertido que puedes hacer es coger la bicicleta e irte al quinto pino al cine, no tengan bombas...
Menos mal que un hombre sí nos ha hecho el favor. Hemos podido volver, y nos ha vuelto a ocurrir lo mismo, por lo que hemos recurrido a la misma táctica...esta vez con más éxito.
He vuelto con un cansancio corporal, he visto más casas que en toda mi vida y me he formulado la siguiente pregunta: ¿Tan desconfiados somos?.

Menos mal que hay gente que sí confía, sino... seguiría allí con una rueda pinchada intentando volver a casa.



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