12 de marzo de 2011

Roto todo


Y ahí estaba, enfrente de una moneda de 10 céntimos tomándome una coca-cola con un murmullo a mi alrededor sin atenderlo. Cogí la moneda e intenté ponerla de pie. A veces cuesta que se quede y no se caiga, a veces cuesta sentir algo por alguien y que no se dé cuenta, para que te haga tanto daño, cuesta y al final te acabas delatando.

Cuando la consigues poner de pie, puede rodar y seguir hacia delante, tú estás entusiasmada porque siga adelante y que llegue a una meta, pero la moneda puede coger su propia trayectoria y ritmo. Puedes no tener ni idea a donde te va a llevar eso que tienes con alguien y el tiempo que tenéis que estar.
Por último, la moneda puede caer. Caer de diferentes formas: puede caerse ella sola hacia un lado, el lado en el que estás bien con la otra persona por lo vivido; o hacia el otro, en el que te terminas odiando y borrando de tu vida, aunque haya sido mucho para ti. O, esa moneda podía estar estabilizada y que alguien mueva la mesa y se caiga, una tercera persona que no sabía lo que hacía. Lo peor es cuando esa persona es tu amiga.



1 comentario:

Ester Livingstone dijo...

Pero... ¿estás segura de que la moneda estaba estabilizada? yo creo que, sencillamente, la moneda no sabe a donde quiere ir, y no ha dudado en hacer lo que le ha dado la gana, sin pensar en que su ausencia puede herir a alguien... lo de la amiga, tienes toda la razón del mundo, pero las culpas, como en todo, van a pachas.