26 de octubre de 2010

Terapia Pueblerina

La ciudad es acogedora. Pueden convivir muchos tipos de personas, con diferentes necesidades.
En la ciudad no te sientes solo, siempre tienes alrededor tuya gente.
Pitidos de coches que te despiertan de tu enajenación mental. La vecina de arriba que con sus zapatos te hace ver que no estás solo en el edificio. Teléfono, Internet, televisión...

Siempre está bien desconectar. Poder salir a la calle escuchando los pájaros para leer, tranquilamente. Tener a dos pasos el campo para disfrutar, ya que caminas y caminas y siempre ves algo nuevo, porque en cada época del año son diferentes esas flores.
No ver a nadie, y si lo ves, que no haga ningún ruido para poder pensar y adentrarte en tu soledad, que a veces es apetecible.

Nunca creí que echara de menos ir al pueblo, pero supongo que necesito esa soledad.Todos necesitamos esa soledad, para centrarnos en nosotros y no tener problemas ajenos que te impiden reflexionar sobre qué pasa por tu neurona derecha que tiene el puesto número 452 en tu cerebro.

Porque las circunstancias más descansadas son las más sonrientes...y esto está comprobado. Si vas a tu pueblo, sola, vuelves con ganas y relajada. 


1 comentario:

Ester Livingstone dijo...

Señor, la que no aguantó ni 15 días en verano, jajaja.
Te comprendo pequeña, pero en el campo no hay brujas con las que parlotear, piensa eso...