21 de noviembre de 2010
Con la lucecita que ilumina los sueños locos...
Me podría tirar toda la mañana en la cama.
Tu persiana bajada, creyéndote que aún es de noche. Arropada hasta los ojos.
Si sacas un pie te das cuenta de lo calentita que estás ahí dentro, y que si sales ya no lo estarás.
Cuando suena el despertador, tú lo paras y vuelves a cerrar los ojos. Aunque suene 3 veces el despertador, te vuelves a dormir. Esos momentos en los que no estás despierta, y tampoco profundamente dormida y puedes cerrar los ojos y seguir con el sueño que dejaste.
Ese sueño donde no está Platón ni Aristóteles, ni siquiera la Riboflavina, donde no existen los límites cuando tienden a infinito...
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