Me llamarán loca cuando defiendo a los perros como si fueran personas.
Un perro siente, sabe cuando le das amor... porque viene a ti cuando quiere mimitos.
Un perro es fiel, si tú eres su amo, no se va a ir con otro.
Un perro sabe cuando estás mal, o por lo menos lo intuye, porque cuando lloras viene y se acerca a ti como apoyo.
Un perro da felicidad, si le miras y le haces una mueca mueven el rabo, saben que te estás dirigiendo a ellos y esto les hace feliz.
Un perro si hace algo mal lo sabe, y va cabizbajo a ti, se sienta a tus pies, baja las orejas y te mira con ojos de inocencia.
Para mí, mis perras son parte de la familia. Algunos no lo entienden, no entienden cómo se puede querer tanto a un ser que va a cuatro patas y no habla... pero es porque no lo tienen. Cuando tienes uno, y ves todos esos detalles de fidelidad, amor, felicidad, inteligencia y obediencia sabría lo mucho que vale la pena tener un animal como estos.
Porque llegar de un día horrible a tu casa y encontrarte en la puerta a una perra sentada mirándote moviendo el rabo y a otra dando saltos, las dos para saludarte, se te olvida por un instante el horrible día que has tenido.
Así que hago alusión a esa gran frase: Cuánto más conozco a la gente, más quiero a mi perro.
Mis perras forman parte de mis circunstancias
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