13 de noviembre de 2010

Heridas Infecciosas

Dicen que el tiempo cura las heridas. Qué equivocados están quienes lo dicen.
Si te haces una herida, no la curas y la dejas pasar, esa herida se pudre. Todo lo feo se queda adentro.
Un buen día, te vuelves a caer en esa misma rodilla y abres esa herida.
Hasta que no la desinfectes y la cures, la eches mercromina, soples, llores y te la tapes, no se va a curar.

Una vez, me hice una herida. No la curé y volvió, pero seguí sin desinfectarla.
Cada vez que me doy en esa misma herida no la miro, me duele y creo no poder hacer nada.
He tomado la decisión de abrírmela yo, enfrentarme al dolor cara a cara, sin llamar a un médico.
Creí estar decidida, hasta que el dolor llamó a mi teléfono. Como una tonta me quedé enfrente de él sin saber cómo responder. A la segunda llamada lo cogí.
Tenía una voz familiar, algo que me hacía estar callada, pensarme las cosas antes de decirlas, estar seria y tener ganas de que esa conversación se acabara ya.

Si no aguanto una simple llamada telefónica, ¿podré mirar la herida sin desmayarme por la sangre?.

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