18 de noviembre de 2010

Todo o nada se reduce en una alborada


Ese día mi color preferido era el azul. 
Me gustaba el color azul del cielo. El color azul del mar. El color azul de sus ojos.
Todo lo tenía azul. Si tenía que pintar algo, sería de color azul.
Mi armario estaba lleno de camisetas, sudaderas, pantalones azules.
Si iba a una tienda y me tenía que comprar algo, la vista me llevaba al color azul.

Hoy, mi color preferido es el morado.
Me gusta el color morado de las berenjenas. El color morado como la lila o el lirio morado. El color, ¿de qué ojos?.


Una noche te duermes pensando en aquella cosa y a la mañana siguiente pasa por tu lado y ni os dirigís la mirada.


2 comentarios:

Ester Livingstone dijo...

Nunca me ha gustado el color azul. Es de gente fría, y tu no eres fría. Poco cariñosa si, pero no fría. No te pega el azul, definitivamente...

Luciérnaga dijo...

El morado tiene más personalidad, quizá por eso no sea tan fácil encontrarlo escondido en los ojos de la gente.